

Cada año me pasa lo mismo y cada año se me olvida. Llega septiembre, bajan un par de grados por la noche, empiezan las primeras lluvias serias y de repente la casa huele distinto. Ese olor a cerrado que no se va abriendo la ventana diez minutos. La ropa que tiendo dentro y tarda dos días en secarse. Y, sobre todo, esa manchita gris en la esquina del armario del dormitorio que el año pasado limpié con lejía jurando que no volvería.
Volvió. Siempre vuelve. Porque el problema no era la mancha: era el exceso de humedad relativa en casa, y contra eso ni la lejía ni abrir la ventana hacen gran cosa cuando fuera hay un 80 % de humedad. Así que este año he ido en serio y me he puesto a mirar deshumidificadores de verdad, de los que sacan litros de agua del aire, no las cajitas de sales que te duran tres semanas.
El que tengo delante es el COMFEE’ Easy Dry 20, un deshumidificador de 20 litros al día que además funciona como purificador con ionizador y se controla desde el móvil por WiFi. Está en Amazon a 164,74 € con IVA incluido y acumula 4,4 sobre 5 con 9.378 valoraciones, que en esta categoría son muchísimas opiniones. Te cuento qué hace bien, qué no, y para quién tiene sentido.
Este es el número que más confunde al comprar un deshumidificador, así que empiezo por ahí. Cuando un fabricante dice «20 L/día» no está prometiendo que tu casa vaya a soltar veinte litros de agua cada jornada. Está diciendo cuál es la capacidad máxima de extracción del compresor en condiciones de laboratorio, normalmente a 30 °C y 80 % de humedad relativa. En tu salón, a 20 °C y 65 % de humedad, ese mismo aparato sacará bastante menos: entre cinco y ocho litros diarios, según la época del año.
Y eso no es un problema. Es exactamente lo que quieres. La capacidad nominal no es una promesa de rendimiento, es un indicador de margen: cuanto mayor sea, menos tiempo tiene que estar el compresor funcionando para llegar al nivel de humedad que le has pedido, menos ruido hace y menos se desgasta. Un deshumidificador de 10 L/día en un piso de 90 metros trabaja al límite todo el día; uno de 20 L/día hace el mismo trabajo en la mitad de tiempo y luego se apaga.
El error más común es comprar corto para ahorrar cuarenta euros y acabar con un aparato que no para nunca. Por eso, si dudas entre dos capacidades, casi siempre compensa la mayor.
Estos son los datos que aparecen en la ficha técnica oficial del producto, que es donde hay que mirar y no en el titular de la caja:
Dos cosas me llaman la atención de esta lista. La primera, el caudal de 160,8 m³/h: es una cifra alta para un doméstico de este tamaño y explica por qué homologa 20 litros sin ser un armatoste industrial. La segunda, los 14,3 kg. No es ligero. Lleva ruedas y asas, y se mueve bien por suelo liso, pero subirlo y bajarlo por una escalera todos los días no es plan. Piensa dónde va a vivir antes de comprarlo.

Aquí está la diferencia real entre un deshumidificador barato y uno decente, y es donde el Easy Dry 20 se defiende bien.
El modo normal es el clásico: eliges un porcentaje de humedad objetivo y el aparato trabaja hasta alcanzarlo. Para una casa española, el rango cómodo está entre 45 % y 55 %. Por debajo del 40 % empiezas a notar garganta seca y no ganas nada; por encima del 60 % es cuando el moho encuentra su sitio.
El modo inteligente decide él solo el objetivo en función de la temperatura ambiente. Es el que dejo puesto el 90 % del tiempo, porque la humedad que resulta cómoda a 18 °C no es la misma que a 26 °C y no me apetece estar ajustándolo.
El modo secado es, para mí, la función infravalorada de todo el aparato. Pones el tendedero delante, lo activas y el ventilador va a máxima potencia sin ciclar. Si vives en un piso sin terraza o en una zona donde llueve medio otoño, esto te cambia la logística de la colada: la ropa pasa de dos días a una tarde, y sobre todo no coge ese olor a humedad que ya no se quita con otro lavado.
El modo continuo ignora el higrostato y no para nunca. Solo tiene sentido en dos escenarios: una obra recién terminada que hay que secar, o una habitación con un problema serio de condensación mientras arreglas la causa. En uso normal, dejarlo en continuo es tirar electricidad.

COMFEE’ vende este modelo como «2 en 1: deshumidificador y purificador». Toca poner las cosas en su sitio, porque aquí se generan expectativas que luego se traducen en reseñas de tres estrellas.
Un ionizador emite iones negativos que hacen que las partículas en suspensión —polvo fino, algo de polen— se agrupen y caigan antes por su propio peso. Eso ayuda con la sensación de aire cargado y funciona. Pero no es lo mismo que un filtro HEPA. Si lo que buscas es retirar alérgenos de forma medida y certificada, lo que necesitas es un purificador con filtro HEPA H13, no un ionizador.
Dicho esto, hay una parte del efecto purificador que sí es literal y que suele pasarse por alto: al bajar la humedad relativa por debajo del 55 % estás eliminando las condiciones que necesitan los ácaros y las esporas de moho para reproducirse. Los ácaros del polvo necesitan más de un 60 % de humedad para prosperar. Bajar de ahí es, sin filtro ninguno, una de las medidas más eficaces que existen para una casa con alergias. El purificado de verdad lo hace el deshumidificador, no el ionizador.
Suelo ser escéptico con el WiFi en electrodomésticos. En una tostadora sobra. En un deshumidificador, resulta que no.
La razón es el depósito. Tres litros suenan a mucho hasta que descubres que en otoño, en una casa húmeda, se llenan en menos de un día. Y cuando el depósito se llena, el aparato se para. Así que puedes encontrarte con que llevas ocho horas creyendo que está trabajando y en realidad se detuvo a las dos horas de irte.
La app NetHome Plus resuelve justo eso: te muestra el nivel de agua en tiempo real y estima cuánto falta para el llenado. También permite encenderlo antes de llegar a casa o programar horarios. Es la clase de función que parece prescindible en la tienda y que acabas usando a diario.
Un apunte honesto: NetHome Plus es la app del grupo Midea —COMFEE’ pertenece a Midea— y su valoración en las tiendas de aplicaciones es correcta pero no brillante. Funciona, aunque el emparejamiento inicial exige paciencia y una red de 2,4 GHz. Si tu router emite en banda única de 5 GHz, tendrás que separar las bandas antes de configurarlo. Es el fallo número uno que veo reportado y casi nunca es culpa del aparato.
Ver «440 vatios» en la ficha impresiona, sobre todo con lo que ha subido la luz. Pero conviene hacer el cálculo antes de descartarlo.
Un deshumidificador de compresor no consume esos 440 W de forma constante: los consume mientras el compresor está en marcha. En cuanto alcanza la humedad objetivo, se apaga y solo mantiene el ventilador o entra en reposo. En una casa con humedad moderada, el ciclo típico son unas cuatro o cinco horas de compresor al día.
Con esos números: 0,44 kW × 5 h = 2,2 kWh diarios. A un precio medio de 0,15 €/kWh, salen unos 0,33 € al día, es decir, alrededor de 10 € al mes durante la temporada de humedad. En verano, cuando no lo necesitas, cero.
Diez euros al mes durante los cuatro o cinco meses malos del año es menos de lo que cuesta repintar una pared con moho, y bastante menos que la ropa y los libros que se echan a perder en un armario húmedo. Aquí es donde el aparato se paga solo.
Y hay un ahorro indirecto que casi nadie contabiliza: el aire seco se calienta más rápido y se percibe más cálido que el aire húmedo a la misma temperatura. Con la humedad controlada, mucha gente baja el termostato uno o dos grados sin notarlo, y eso sí se ve en la factura del invierno.
COMFEE’ insiste en el adjetivo «silencioso» y hay que matizarlo. Un deshumidificador de compresor no es silencioso en sentido estricto: tiene un motor mecánico dentro. Lo que sí es cierto es que este modelo se sitúa en la parte baja de su categoría en ruido, en torno a un rumor de fondo constante comparable al de un frigorífico algo mayor de lo normal.
Traducido a decisiones prácticas: en el salón, el pasillo o un despacho es perfectamente convivible; puedes ver la tele o trabajar sin subir el volumen. En un dormitorio, con alguien de sueño ligero y de noche, va a molestar. Mi recomendación es la que doy siempre: déjalo trabajando en el dormitorio durante el día con la puerta cerrada y sácalo por la noche. Bajar la humedad de una habitación es un trabajo que se hace en unas horas y luego se mantiene solo.
Otro detalle importante: como todos los deshumidificadores de compresor, admite drenaje continuo por manguera. Si tienes un desagüe cerca —lavadero, baño, garaje—, conecta el tubo y olvídate del depósito para siempre. Es la mejor decisión que puedes tomar si el aparato va a vivir fijo en un sitio.
Sobre el mantenimiento: vaciar el depósito, enjuagarlo cada pocas semanas para que no crie biofilm, y limpiar el filtro de rejilla con agua templada una vez al mes. No lleva filtros de recambio caros. Eso es todo.
Un último apunte técnico que sí importa: los deshumidificadores de compresor pierden eficacia por debajo de unos 15 °C, porque el serpentín se escarcha. Para un garaje sin calefacción en enero, este no es el aparato indicado —ahí tocaría un desecante. Para una vivienda habitada, que rara vez baja de 17-18 °C, funciona perfectamente.

Con casi diez mil opiniones y un 4,4 sobre 5, este modelo lleva tiempo suficiente en el mercado como para que los patrones se repitan y sean fiables. Y se repiten.
Lo que más se elogia, con diferencia, es la cantidad de agua que extrae en las primeras 48 horas. Es la reacción típica de quien nunca ha tenido uno: la sorpresa de ver el depósito lleno al día siguiente y entender de golpe de dónde venían el olor y las manchas. Le siguen la desaparición del olor a humedad en pocos días y el modo secado, que aparece mencionado muchísimo más de lo que el fabricante lo promociona.
Las críticas también son consistentes y ninguna me parece descalificatoria, pero conviene conocerlas antes de pagar:
Fíjate en que las cuatro tienen algo en común: son limitaciones de la tecnología o del formato, no fallos de fabricación. Apenas se ven reseñas hablando de averías tempranas o de que el aparato deje de deshumidificar, que es lo que de verdad debería preocuparte en esta categoría.
Cómpralo si: vives en una zona costera, en el norte o en un bajo; tienes manchas de moho recurrentes en armarios o esquinas; tiendes la ropa dentro buena parte del año; alguien en casa tiene alergia a los ácaros; tu vivienda ronda los 40-50 m² útiles de zona a tratar o quieres margen para un piso mayor moviéndolo entre estancias.
No lo compres si: lo quieres para un dormitorio funcionando toda la noche con alguien de sueño ligero; tu problema es un garaje o trastero sin calefacción que baja de 15 °C; lo que buscas en realidad es un purificador con filtro HEPA para alérgenos; o tu vivienda es un estudio pequeño de 25 m², donde un 12 L/día más barato te sobra.
Por 164,74 € con IVA incluido te llevas un deshumidificador de compresor de 20 litros al día con un caudal de 160,8 m³/h, cuatro modos de trabajo bien pensados, control por WiFi que resuelve el problema real de saber si el depósito está lleno, ionizador de apoyo y respaldo de Midea, que es el mayor fabricante de climatización del mundo.
No es el más barato de su categoría y no pretende serlo. Lo que ofrece es capacidad de sobra para no ir siempre al límite, que es justo lo que marca la diferencia entre un aparato que resuelve el problema y otro que solo lo disimula. Las 9.378 valoraciones con un 4,4 respaldan que cumple lo que promete, y sus pegas están todas identificadas y son previsibles: hace ruido de compresor, pesa, y el WiFi pide una red de 2,4 GHz.
Si llevas años repintando la misma esquina del armario cada primavera, este es el año de dejar de hacerlo. Con septiembre a la vuelta de la esquina, es además el mejor momento para tenerlo instalado antes de que empiece la temporada de verdad.
Precio y disponibilidad verificados el 28 de agosto de 2026 en Amazon.es; ambos pueden variar. Esta entrada incluye enlaces de afiliado: si compras a través de ellos, ofertas hogar recibe una pequeña comisión sin coste adicional para ti.